En el mundo de la anestesiología estamos entrenados para mantener la calma en medio del caos, para anticiparnos a cada crisis y para ser el soporte vital de nuestros pacientes en sus momentos más vulnerables. Sin embargo, a menudo olvidamos que para sostener, primero debemos estar bien nosotros mismos.

13 de enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión. Hoy, en el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión queremos poner el foco en lo que sucede cuando las luces del quirófano se apagan. La alta responsabilidad, las jornadas de vigilia y el estrés crónico pueden pasar factura a nuestra salud mental. La depresión no discrimina jerarquías ni años de experiencia. Es una realidad que requiere que hablemos de ella sin tabúes.
¿Cómo podemos promover la salud mental en nuestro equipo? Un primer paso es normalizar la vulnerabilidad. Reconocer que estamos cansados o afectados por un caso difícil no nos hace menos profesionales; nos hace humanos. También es importante fomentar la escucha activa. A veces, un «¿Cómo estás realmente?» entre cirugías puede marcar la diferencia para un colega que está pasando un momento oscuro.
Es necesario proponer la cultura de apoyo, no de juicio. Debemos convertir nuestros entornos laborales en espacios seguros donde buscar ayuda psicológica sea visto como un paso valiente y necesario. Otro aspecto fundamental es el logro del equilibrio vida-trabajo. Promover descansos efectivos y respetar los tiempos de desconexión es vital para prevenir el burnout y la depresión.
La anestesiología es, por definición, un trabajo de equipo. Esa misma cohesión que mostramos en una emergencia quirúrgica es la que debemos aplicar para protegernos mutuamente. Cuidar al que cuida es la mejor forma de garantizar la seguridad de nuestros pacientes.
Si hoy sentís que la carga es muy pesada, recordá: HABLAR ES PRIMER PASO PARA ALIVIAR EL DOLOR.

Área de Bienestar Ocupacional de ANESFE